Memorias Anfibias
Salir del mar y afincarse en la costa, es quizá el viaje de los anfibios para convertirse en humanos, es quizá el mismo viaje de la poeta que emigró de Nicaragua hacia San José y ahora ejerce su magisterio en una playa guanacasteca, y ejercita su pluma de poeta: ahí desliza entre palabras su
convivencia con lo cotidiano y lo esencial, con las conchas y los niños, con la agitación de las olas de su soledad y sus amores. Ahí retoma sus instintos y se pregunta por identidades e identificaciones, contrastando la luz solar con las sombras de un camino que mezcla el regocijo
vital, la ternura y la tristeza. Allí, ella encuentra nuevas simetrías y contradicciones, emerge de la espuma y se asienta en los rincones para degustar la sal y el viento, la palmera y el recorrido de pies descalzos entre sus memorias de infancia y la luna, sus ancestros, su sed de pertenencia y libertad.