Visiones
De modo tal que este libro ha sido escrito para recordarme. Para devolverle al alma las palabras que en su tortuoso viaje había perdido. Para otorgarme permiso de sanar desde adentro, sin gritar, sin huir, sin disfraz. En ese sentido debo decir –y aceptar– que no soy un escritor. Soy un mensajero. Un puente. Un eco.
Sí, esto no es sólo un libro. Es una memoria que retorna a la superficie. Un reencuentro con el doble de uno mismo. Y si este compendio ha llegado hasta tus manos, no es por casualidad. Es porque lo habíamos leído antes en algún lugar del espíritu colectivo o del infierno. En otra forma. En otro tiempo. En otro espacio.
Este pequeño libro no es solamente un libro, es una danza primigenia, un mural en la piedra, una ceremonia escrita. Nos está leyendo.