Costa RicaCosta Rica
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ISBN 978-9968-591-96-6

El primer presidente Alvarado
don Pedro José Alvarado y Baeza, presidente de la Junta Gubernativa interina de Costa Rica

Autor:Sáenz Carbonell, Jorge Francisco
Editorial:Impresos Solano Marín, ISOLMA Sociedad Anónima
Materia:Biografía Líderes, pensadores, trabajadores religiosos
Clasificación:Derecho de países o territorios concretos y áreas específicas del derecho
Público objetivo:Profesional / académico
Publicado:2020-09-04
Número de edición:1
Número de páginas:142
Tamaño:13.7x21.5cm.
Precio:$7.500
Encuadernación:Tapa dura o cartoné
Soporte:Impreso
Idioma:Español

Reseña

La proximidad del bicentenario de la separación de Costa Rica de España y de los primeros pasos de nuestra vida independiente, llama inevitablemente la atención sobre quienes tuvieron un papel protagónico en esos memorables días.
Inexplicablemente, casi todos las publicaciones efectuadas durante el siglo XX para presentar en
forma sintética las biografías de los gobernantes de Costa Rica omitieron incluir las de quienes condujeron los destinos del país entre 1821 y 1824 y prefirieron empezar con la de don Juan Mora Fernández, primer jefe de Estado. El primer texto que corrigió esa omisión y rescató así un período
breve pero fundamental de nuestra historia política fue la obra de doña Clotilde María Obregón Nuestros gobernantes: verdades del pasado para comprender el futuro, publicada en 1999. En sus páginas, aunque fuera en forma muy sucinta, la autora dio el lugar que les correspondía a quienes presidieron las juntas gubernativas de esa época o desde otros cargos encabezaron el gobierno.
En la misma línea de la ilustre profesora Obregón, en esta obra hemos querido rescatar la figura del presbítero don Pedro José Alvarado y Baeza, quien además de ser firmante del acta de independencia suscrita en Cartago el 29 de octubre de 1821 y del Pacto Social Fundamental Interino o Pacto de Concordia como legado suplente por Alajuela, fue Presidente de la Junta Gubernativa interina que rigió Costa Rica del 1° de diciembre de 1821 al 6 de enero de 1822, bajo cuya autoridad se puso en práctica el Pacto de Concordia y se celebraron los primeros comicios que debían culminar en la elección de un gobierno constitucional. El padre Alvarado no parece haber sido particularmente inclinado a la política, pero dirigió la Junta y los destinos de Costa Rica con acierto y prudencia.
Personajes como él contribuyeron a que la transición a la vida independiente resultara ordenada y pacífica y se caracterizara desde el inicio por el apego a la paz, la libertad y la democracia.
Hemos dado a la obra el título de El primer presidente Alvarado para destacar el papel de don Pedro José en la presidencia de la Junta, y considerando además que después de él ha habido otros dos gobernantes de su mismo apellido, el presbítero don Manuel Alvarado e Hidalgo, presidente de la última Junta Superior Gubernativa de mayo de 1823 a enero de 1824 y de febrero a setiembre de 1824, y el actual presidente de la República, don Carlos Alvarado Quesada, llamado a coincidir en la primera magistratura con el bicentenario del gobierno de nuestro personaje. Pero la vida de don Pedro José Alvarado ofrece muchos otros aspectos de interés, en particular porque además de sus fugaces participaciones en política, desempeñó de 1820 a 1835 el cargo de vicario foráneo de Costa Rica, la más alta posición eclesiástica local. Fueron años llenos de acontecimientos y complicaciones, y la conducta seguida por don Pedro José hizo que un siglo más tarde monseñor Víctor Sanabria escribiera:
“No sabríamos qué admirar más, si el tacto con que en tales circunstancias se manejó el vicario Alvarado, o su talento y don de gobierno para mantener en su integridad la disciplina eclesiástica entre
el clero a pesar de las divergencias políticas que entre los sacerdotes como en el resto de la población se acentuaban cada día más. En política hubo sacerdotes imperialistas y no imperialistas, republicanos y
monarquistas, liberales y no liberales; en el terreno eclesiástico no hubo más que ministros de la Iglesia y por eso no se lamentaron rebeldías de carácter mayor.”
Ser humano al fin, tuvo también el padre Alvarado sus debilidades y sus errores, los cuales no dejamos de mencionar en esta obra, pero nos parece que en el arduo desafío planteado a Costa Rica por la emancipación supo estar a la altura de su responsabilidad histórica y demostró reiteradamente su vivo afecto por su patria y sus conciudadanos.

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